No todas las lágrimas son iguales. Algunas nacen del dolor y nos acercan a Dios. Otras nacen de la desesperanza y nos alejan de Su propósito. La Torá nos enseña esta diferencia.
Hagar lloró al ver a Ishmael a punto de morir en el desierto. Su llanto despertó la misericordia divina y un ángel le mostró el pozo que salvaría su vida. Yaakov lloró al besar a Rajel. Nuestros Sabios explican que vio que no sería enterrado junto a ella. Eran lágrimas de amor y aceptación del plan de Hashem, no de rebeldía. Rajel lloró por sus hijos cuando partían al exilio. Sin embargo, Hashem le prometió: “Tus hijos volverán a su tierra.” Sus lágrimas se convirtieron en una súplica llena de esperanza para todas las generaciones. Moshé, siendo un bebé, lloró en el río. Batia escuchó su llanto, tuvo compasión y lo salvó. Aquellas lágrimas marcaron el inicio de la redención del pueblo de Israel.
Pero existe otro llanto muy distinto.
Cuando los espías regresaron con un informe negativo, el pueblo lloró toda la noche porque prefirió creer en el miedo antes que en la promesa de Hashem. Lloraron por un futuro que aún no había sucedido, rechazando el regalo de entrar a la Tierra de Israel. Nuestros Sabios enseñan que esa noche fue Tishá BeAv, y Hashem dijo: “Ustedes lloraron sin motivo; Yo fijaré este día como un llanto para las generaciones.”
En Tishá BeAv no lloramos solamente por un Templo que fue destruido. Lloramos para merecer su reconstrucción. Las lágrimas de Hagar encontraron un pozo. Las de Yaakov fortalecieron su misión. Las de Rajel trajeron la promesa del regreso. Las de Moshé dieron comienzo a la redención. Solo las lágrimas de los espías nacieron de la falta de fe. La diferencia no está en el dolor, sino en la dirección de las lágrimas. Hay lágrimas que nos encadenan al pasado y hay lágrimas que construyen el futuro.
Que nuestro llanto en Tishá BeAv no sea el de quien perdió la esperanza, sino el de quien anhela con todo su corazón ver reconstruida Jerusalén y la llegada de la Gueulá, pronto en nuestros días.
One Kosher te desea Shabat Shalom y un ayuno fácil.
