La Perashá de Ki Tetzé comienza con una secuencia sorprendente: “Cuando salgas a la guerra sobre tus enemigos, Hashem los entregue en tu mano y cautives su cautiverio…” Luego la Torá habla de la eshet yefat toar, la mujer cautiva que despierta el deseo del soldado, y poco después aparece el caso del ben sorer umoré, el hijo rebelde que termina despreciando la autoridad de sus padres. La conexión resulta inquietante.
Si Hashem te entregó al enemigo y te permitió ganar la guerra, ¿por qué esa victoria termina conduciendo a una relación problemática y finalmente a un hijo rebelde? ¿Eso es realmente una victoria?
Y hay otra expresión que llama la atención. La Torá dice: “Veshavita shivyo” — ושבית שביו, “y cautivarás su cautiverio”. ¿Por qué no decir simplemente: “tomarás prisioneros”? Quizás la Torá está escondiendo aquí una advertencia mucho más profunda.
Esta guerra no habla de la conquista obligatoria de Eretz Israel, sino de una guerra opcional, una guerra que el pueblo decidió emprender. Hashem había advertido repetidamente a Israel que debía cuidar su identidad y no dejarse arrastrar por las costumbres de los pueblos que lo rodeaban. Pero cuando una persona decide acercarse demasiado a aquello de lo que debía mantenerse distante, ocurre algo peligroso: piensa que está conociendo al otro, cuando en realidad el otro comienza a conocerlo a él. Conoce sus deseos. Conoce sus debilidades. Conoce aquello que puede seducirlo.
Entonces llega la guerra. Israel vence militarmente. Toma ciudades. Captura enemigos. Parece que todo está bajo control, hasta que el soldado mira a una mujer cautiva y comienza a perder el control sobre sí mismo. Y allí descubrimos el verdadero significado de “Veshavita shivyo”. Creías que tú habías tomado cautivos. Pero quizá el cautivo eras tú. Ganaste la batalla exterior, pero sus costumbres habían comenzado a conquistar tu interior. Trajiste al enemigo dentro de tu casa, y finalmente la consecuencia aparece en la siguiente generación: un hijo que ya no reconoce límites ni autoridad.
Por eso la Torá coloca estas historias una detrás de la otra. No toda victoria significa que ganaste. Puedes ganar dinero y perder tranquilidad. Puedes ganar una discusión y perder una amistad. Puedes conseguir aquello que deseabas y descubrir después que aquello terminó dominándote.
Y hay una enseñanza todavía más amplia: Cuando una persona entra voluntariamente en terrenos que no le corresponden, rara vez sale completamente intacta. Pensamos que podemos acercarnos a ciertas personas, ambientes, negocios, hábitos o ideas sin que nos influyan. Decimos: “Yo sé hasta dónde llegar”. Pero Ki Tetzé nos pregunta: ¿Seguro que tú estás tomando al cautivo… o lentamente él te está tomando a ti?
La verdadera victoria no consiste solamente en vencer al enemigo. La verdadera victoria es poder regresar de la batalla sin haber perdido quién eres.
One Kosher te desea Shabat Shalom.
