En la Perashá Behaalotejá encontramos una enseñanza extraordinaria sobre la verdadera grandeza espiritual. La Torá relata que Aarón HaCohen se sintió afligido al ver que los príncipes de las tribus participaron en la inauguración del Mishkán mediante sus ofrendas, mientras él no tomó parte en esa ceremonia. A simple vista surge una pregunta: ¿dónde encontramos en la Torá que hubiera una “invitación”? Y aún más difícil: ¿cómo podía sentir esa ausencia precisamente después de haber sufrido la pérdida de Nadav y Avihú, sus dos hijos?
El Ben Yehoyadá, obra de Rabí Yosef Jaim de Bagdad (1832–1909), conocido como el Ben Ish Jai, explica que la “invitación” no era formal. La verdadera invitación era el despertar interior, la emoción y el deseo que Hashem puso en el corazón de cada príncipe para traer su ofrenda. Aarón percibió que ese impulso no había nacido en él y temió que los demás interpretaran su ausencia como una reacción de enojo hacia Hashem por la muerte de sus hijos.
Sin embargo, la realidad era exactamente la contraria. Aarón poseía una fe tan profunda que aceptó el juicio divino sin rebelión ni resentimiento. Su silencio no era distancia de Dios; era una expresión suprema de confianza en Él. Aun cargando un dolor imposible de describir, su mayor preocupación era que alguien pudiera pensar que había disminuido su amor por Hashem.
La respuesta divina fue extraordinaria. Hashem le prometió una participación aún mayor: el encendido de la Menorá. Nuestros Sabios explican que esta recompensa alcanzó su máxima expresión siglos después, en los días de los Jashmonaim, cuando la oscuridad espiritual del helenismo intentó apagar la luz de la Torá. Precisamente entonces, la Menorá volvió a brillar.
El mensaje es profundo y eterno. Hashem no interpretó el silencio de Aarón como indiferencia; al contrario, valoró tanto su fidelidad, su autocontrol y su amor inquebrantable que lo convirtió en símbolo de la luz que guía al pueblo en los momentos más oscuros.
Muchas veces sentimos que no fuimos elegidos, que nuestra contribución pasó desapercibida o que otros recibieron el honor que esperábamos. Behaalotejá nos enseña que Dios ve mucho más allá de lo que los hombres perciben. Cuando una persona permanece fiel a sus valores incluso en medio del dolor, cuando controla sus emociones sin apagar su amor por el bien y por la verdad, Hashem puede transformarla en una luz para generaciones enteras.
No toda recompensa llega de inmediato. A veces, como Aarón, debemos esperar para descubrir que aquello que parecía una omisión era en realidad la preparación para una misión mucho más grande.
One Kosher te desea Shabat Shalom.
