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Del becerro a los espías: una lección de crecimiento

Una pregunta interesante surge en esta perashá: ¿por qué el pecado de los espías recibió un castigo más severo que el Becerro de Oro? Después del Becerro, Moshé logró que Hashem perdonara al pueblo, pues fue considerado una caída excepcional. Sin embargo, tras el episodio de los espías, el pueblo declaró: “Pongamos un líder y regresemos a Egipto”. Ya no era un error aislado, sino la repetición del mismo problema: abandonar a Hashem y a Moshé para volver a los valores de Egipto.

Por ello, Hashem decretó que toda la generación que escuchó y aceptó el informe de los espías moriría en el desierto y no entraría a Eretz Israel. Solamente sus hijos, junto con Yehoshúa y Caleb, tendrían el mérito de ingresar a la Tierra Prometida. Por eso la Torá conecta tres temas: los espías, la mitzvá de Jalá y las leyes sobre la idolatría cuando un tribunal se equivoca. Los tres reflejan una misma lucha: aceptar la voluntad de Hashem incluso cuando no coincide con nuestra lógica.

Muchos entendían entregar una parte de la cosecha a Dios, pero cuestionaban separar Jalá de una masa hecha con sus propias manos. El problema no era la harina; era la dificultad de obedecer cuando no comprendemos completamente el motivo. La idolatría no comienza con una estatua. Comienza cuando aceptamos únicamente aquello que entendemos y rechazamos aquello que exige confianza.

El mensaje es poderoso: Hashem perdona una caída, pero espera que aprendamos de ella. Cuando repetimos una y otra vez el mismo error, no basta con corregir una acción; hay que transformar el patrón. Ahí comienza el verdadero crecimiento.

One Kosher te desea Shabat Shalom y felicita a Yonatan y Yael por su boda, deseando que forjen una vida llena de éxitos con amor y Torah dentro de Israel.

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