Parashat Terumá marca un cambio profundo en la relación entre el pueblo y Dios. Hasta ahora, en Egipto y en el desierto, solo habíamos recibido: milagros, protección, libertad y sustento. Pero en Terumá, Dios nos enseña una verdad esencial para el crecimiento espiritual: la plenitud no está solo en recibir, sino en aprender a dar.
El Mishkán no se construyó con impuestos ni con obligación, sino con corazones generosos: “De todo aquel cuyo corazón lo impulse, tomarán Mi ofrenda.” Porque dar no es una pérdida, es una transformación. Cuando das, dejas de ser solo beneficiario del mundo y te conviertes en socio en su construcción. Por eso el pueblo judío es conocido por su ayuda mutua. Dios nos educó en la empatía: dar incluso sin conocer a quién, ayudar sin esperar reconocimiento, construir comunidad sin condiciones.
Esta semana, cuando en tantas comunidades del mundo se da en silencio y con discreción, recordamos el mensaje de Terumá: Primero Dios nos dio todo para enseñarnos a confiar. Luego nos pidió dar, para enseñarnos a parecernos a Él. Porque el verdadero Mishkán no es el que se construye con oro o plata, sino el que se construye cuando un corazón decide dar sin saber a quién… y aun así, dar con amor.
One Kosher te desea Shabat Shalom.
En recuerdo de mi abuelo Moisés ben leah Hilu z”l.
