Se dice que salimos de Egipto por el mérito de nuestras madres, y que no cambiamos nuestros nombres, nuestro lenguaje y nuestra vestimenta. Pero el Or Hajaim nos revela algo aún más poderoso: eso no fue solo un mérito del pasado, sino el resultado de un mérito acumulado a lo largo del tiempo.
No fue únicamente lo que ellos hicieron en Egipto, sino lo que nosotros haríamos después. Cada Kiddush de Pésaj, cada matzá y maror comidos con conciencia, cada vez que un padre le cuenta a su hijo la historia de la salida, cada cuidado por no comer jametz, hechos con alegría y compromiso, generación tras generación, fueron creando el equilibrio espiritual necesario para que la liberación ocurriera.
Es una idea que cambia la perspectiva de la historia:
– El futuro redime al pasado.
– Nuestros actos de hoy sostienen a quienes estuvieron antes.
No solo recordamos la salida de Egipto: participamos activamente en ella, incluso miles de años después. Cada mitzvá es un eslabón más en una cadena que nunca se rompió. Y cada generación, al cumplirlas con alegría, empuja un poco más la puerta de la libertad. Porque la redención no fue un evento aislado: fue —y sigue siendo— una obra colectiva, eterna y viva.
One Kosher te desea Shabat Shalom.
