La última Perasha del libro de Bereshit, Vayeji nos deja una enseñanza profunda. Tras la muerte de su padre, los hermanos de Yosef desconfiaron de él. Temieron que, ahora sin la figura que los protegía, buscara vengarse. Por eso le enviaron un mensaje diciendo que su padre había pedido, antes de morir, que los perdonara. Al escuchar esas palabras, Yosef rompió en llanto: no por el pasado, sino por la desconfianza que aún vivía entre ellos.
Yosef no llora por fragilidad, sino por una comprensión profunda de la vida. Llora porque descubre que el poder puede elevarte, pero también aislarte; puede cumplir sueños, pero no garantiza sanar relaciones. A pesar de su grandeza y autoridad, lo que más anhela no es control ni reconocimiento, sino confianza, cercanía y reconciliación sincera con los suyos.
Sus lágrimas revelan una verdad poderosa: la verdadera fortaleza no está en dominar, sino en permanecer humano. El liderazgo auténtico no se mide por cuánto puedes imponer, sino por cuánto puedes perdonar, unir y cuidar. Yosef nos enseña que el éxito sin vínculos deja vacío, y que la grandeza real nace cuando eliges el amor por encima del rencor, y la reconciliación por encima del poder.
One Kosher te desea Shabat Shalom.
