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El encuentro esperado con Yosef como virrey y sus hermanos

Maimónides llamaba al sabio “sanador de almas”, porque entendía que la verdadera curación no siempre ocurre en el cuerpo, sino en la mente y en el sentido que damos a la vida. Siglos después, la psicología moderna confirmó esa intuición: no son los hechos los que determinan cómo vivimos, sino la forma en que los interpretamos.

Viktor Frankl lo demostró en el lugar más oscuro imaginable: Auschwitz. Allí descubrió que al ser humano pueden arrebatarle todo, excepto una libertad esencial: elegir su actitud. Quien encontraba un propósito —un hijo que lo esperaba, una obra por terminar, una misión aún pendiente— encontraba también la fuerza para vivir. La vida no se mide por lo que esperamos de ella, sino por lo que ella espera de nosotros.

A este cambio interior se le llama reencuadre: los hechos no cambian, pero al cambiar el marco mental, cambia nuestra experiencia. Lo mismo hizo Yosef en la Torá. Traicionado, vendido y encarcelado injustamente, pudo haberse definido como una víctima. En cambio, eligió verse como un enviado con una misión mayor. Al reinterpretar su pasado, transformó el dolor en propósito y el rencor en perdón.

No podemos cambiar lo que nos pasó, pero sí podemos cambiar lo que hacemos con ello. Cuando dejamos de preguntarnos “¿por qué a mí?” y empezamos a preguntarnos “¿para qué?”, el sufrimiento se convierte en sentido, y el pasado deja de ser una carga para volverse un motor.

Cambiar la manera de pensar no borra la oscuridad, pero nos da la fuerza para atravesarla… y salir de ella hacia una luz más profunda y verdadera.

One Kosher te desea Shabat Shalom.

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